sábado, 1 de mayo de 2010

Robert coge un tren directo al cielo

Corría el verano de 2005 cuando mi amigo Fabio y yo decidimos ir a Alemania de vacaciones para visitar a su hermano Rodrigo, que por entonces se encontraba cursando una beca de trabajo con un compañero de la facultad en Hannover. Era finales de julio, cogimos un vuelo y tras parada en Ámsterdam y dos horas y media de viaje llegamos a al aeropuerto. Tras recoger una maleta (la mía se extravió) pusimos rumbo al centro de la ciudad, por lo que cogimos un tren que nos llevaba directamente a la estación central de Hauptbahnhof, donde habíamos quedado con Rodrigo.

Serían las 4 o 5 de la tarde, y mientras esperábamos en la puerta de la estación nos tomamos un tentempié. Fue en ese momento cuando algo llamó mi atención. Un espectacular coche rojo aparcó a unos metros, de él se bajo un hombre alto (unos 190 centímetros) que se dirigía al interior de la estación. Su cara me resultaba familiar pero no sabía por qué.

Me quede pensando unos minutos pero justo cuando ese hombre salía acompañado de una rubia espectacular empecé atar cabos, quizá absurdos pero eficaces en este caso. Un hombre tan alto, con un cochazo y una mujer de ese calibre tenía que ser alguien que ganara mucho dinero. Pero, ¿Qué persona adinerada de Hannover me podía resultar familiar? Solo podía ser un futbolista, de modo que recorrí mi disco duro futbolero hasta encontrar con el nombre que buscaba. Aquel rubio tan alto no podía ser otro que Robert Enke (ex jugador del Barcelona y del Tenerife).

En cuanto supe su nombre se lo dije en alto a mi compañero Fabio, que por otra parte estaba alucinando con la idea de que pudiera reconocer a alguien en aquella ciudad. Así las cosas me preguntó que si estaba seguro que era él, y yo le contesté que sí, que al cien por cien. Toda nuestra conversación avanzaba mientras aquel hombre caminaba de nuevo hacia su coche con aquella espectacular belleza por lo que Fabio le abordó con su perfecto inglés para cerciorarse de lo que le había dicho:

-¿Es usted Robert Enke?, es que mi amigo (que es un friki del fútbol) le ha reconocido”.
-Si soy yo- contestó con cara de sorpresa.


En seguida pareció reconocer nuestra procedencia española y con una sonrisa nos sorprendió diciendo: “¿Y por qué no hablamos en español?”. Fueron unos dos minutos muy agradables de conversación en los que el bueno de Robert nos contó que había vivido muy bien en Barcelona, que le gustó mucho España y que aprendió bastante de la experiencia a pesar de no jugar mucho. Con una nueva sonrisa se despidió de nosotros y se marchó en su lujoso coche y con su preciosa mujer, novia o hermana (vete tú a saber).

Después de aquella agradable espera me acuerdo que paseamos por toda la ciudad hasta llegar al AWD-Arena, estadio del Hannover 96 donde curiosamente jugaba Robert Enke. Era el verano anterior al Mundial de Alemania y la verdad es que a mi amigo Fabio y a mí nos entró bastante curiosidad por ver cómo era aquel estadio en su interior. La bombilla se nos encendió cuando por la parte trasera del estadio vimos una valla y un muro que media a penas dos metros. Fabio me miró con cara picará y yo asentí con la cabeza sabiendo a lo que estaba pensando. Si, saltamos la valla de un campo alemán, donde todas las normas se cumplen y quién tira un papel al suelo o se cuela en el metro es tratado casi como un terrorista. Nos metimos hasta la cocina, nos hicimos mil fotos y disfrutamos de uno de los estadios más bonitos en los que había estado.

Esta es una parte de la historia de mi viaje a Alemania, un viaje inolvidable del que sin duda forma parte la conversación con Robert Enke y la visita al campo donde jugaba como guardameta. Desde el día guarde gran estima por aquel portero que pasó sin pena ni gloria en el Barça pero que se desquitó triunfando en la Bundesliga y alcanzando la titularidad de la portería de la selección alemana en este último año. Hoy, cuando me he encontrado con la triste noticia de su muerte me ha dado un vuelco el corazón. Le conocía de apenas 2 minutos, pero fue un tiempo de mi vida que aún mantengo grabado en mi memoria. Las cosas de la vida, te conocí en una estación de tren, justo en el entorno donde pusiste fin a tu vida. Estés donde estés, descansa en paz, lamento no haber podido verte jugando el Mundial de Suráfrica en el bar con mis amigos y poder haber dicho que yo hablé con ese tío y me pareció un crack.

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